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jueves, 25 de enero de 2018

Caos

     Habíamos entrado ya en el año 2046. La sombra del hambre empezaba a posarse sobre la mayoría de los países. La superpoblación estaba acabando con los recursos naturales.
     La extracción de muchos minerales, primordiales para la fabricación de los artículos de primera necesidad, estaba llegando a su fin, a su total agotamiento. La agricultura y la ganadería no producían la cantidad necesaria para alimentar a las personas, siendo muchas veces alterados sus productos intentando aumentar la cantidad, así como abaratar precios, disminuyendo lógicamente todo control de calidad, lo que en consecuencia facilitaba los brotes de nuevas enfermedades, muchas de ellas con un desenlace fatal.
     Unos años atrás, en la mayoría de los países se había prohibido la entrada de población inmigrante, estando totalmente controlados los que ya había e intentando que regresaran a sus países de origen, por muy precaria que pudiera ser su situación.
     También en muchos de ellos, una férrea legislación prohibía la concepción de más de un hijo por familia, es decir, una familia no podía tener más de tres miembros.
     Así mismo, mucho tiempo atrás la tenencia y cuidado de mascotas como perros, gatos, pájaros, etc. estaba totalmente prohibido.
     Estas leyes, en los países menos desarrollados, especialmente en el continente africano, ocasionaban una pobreza sin parangón, ya que algunas poblaciones dependían de un número elevado de miembros familiares para la subsistencia, mediante la caza en la que necesitaban ser muy numerosos a fin de poder acorralar a las presas.
     Todo el sistema estaba dirigido por un gobierno único que controlaba todo el planeta. Su líder era elegido cada año en unas arduas y muy complicadas elecciones, tras un sinfín de votaciones celebradas en todos los países.
     Cada primer lunes de mes este líder, acompañado de su séquito de gobierno, ataviados siempre con unos trajes de seda de colores muy llamativos, se dirigían a través de todos los medios públicos, como televisión, radio, redes sociales, etc. a toda la población, traduciendo automáticamente a cada idioma, en un elaborado discurso para resumir el estado del planeta, las carencias, necesidades y los escasos beneficios obtenidos hasta ese momento, así como los avances realizados para recuperar el funcionamiento normalizado de la sociedad.
     Habían intentado la exploración de nuestro satélite, La Luna, con el fin de obtener minerales que pudieran suplir a los ya agotados o en fase de exterminio de los utilizados en el planeta. Se gastó una ingente cantidad de dinero sin haber conseguido ningún fruto. Solo se encontró arenas inservibles y polvo, sin ninguna propiedad útil o aprovechable.
     Una legislación extremadamente dura y eficaz controlaba el abastecimiento de alimentos así como de todos los productos de primera necesidad, así como los medicamentos, intentando evitar el almacenaje o acaparamiento de productos y a la vez controlando no existiera ningún tipo de segunda venta.
     Aparentemente, este era el tipo de sociedad ideal, perfectamente controlada. Un sistema correcto para el mantenimiento del planeta, intentando de manera eficaz y natural controlar el exceso de población y volver a tener las fuentes de suministro totalmente equilibradas.          

Realmente no era así, tan extraordinario, sería un futuro distópico. No se podía imaginar que realmente sería un fracaso. Un sistema que era como poner un velo delante de la realidad, ocultando los problemas pero a la vez dejándolos entrever y haciendo que las personas tuvieran conocimiento vagamente de ellos.
     Al haber un control de natalidad, la población activa, en breve sería muy inferior a la pasiva, a la que vivía jubilada y con una pensión, con un desempleo o con ayudas sociales. En breve por cada persona que trabajara, habría dos que no lo harían con lo que el equilibro monetario y social estaba destinado al caos en un espacio de tiempo muy breve.
     Y ya empezaba a notarse…






Ejercicio Literautas nº 44. Tema: La distopía

Letras

     María lloraba a en la habitación cuando entró su hermana Ana.
     Un sinfín de letras flotaban en el aire, como si de un perfume se tratara. Con la luz tenue de la pequeña lámpara atravesando la oscuridad de la noche, se podía ver claramente a las consonantes buscando a las vocales en rápidas carreras, a los puntos dando ordenes a las mayúsculas, a las comas buscando sin orden ninguno, a las vocales huyendo de los acentos para librarse de llevar un peso encima, en un intento de formar palabras.
− ¿Qué ha pasado, Maria? −preguntó Ana boquiabierta desde la puerta.
−Se ha roto la máquina de escribir −contestó.
−Todas las letras se están escapando de los papeles, el borrador de mi novela se está quedando en blanco.
− No desesperes, hermana, seguro que mañana están todas colocadas correctamente en el papel, vamos a dormir, que ya es muy tarde.























Microrelato Literautas nº 45

En Tierra


                Andrés evitaba siempre decirles la verdad a sus padres, vivía independiente y apenas podía pagar el alquiler del piso que compartía con su amigo Roger. A sus treinta años de edad, todavía no había logrado un empleo que le durara más de tres meses. Cuando sus padres le preguntaban, su respuesta mas común era que ese empleo no estaba bien remunerado y había encontrado otro mucho mejor.
                 Había trabajado como ascensorista, pinche de cocina, portero de discoteca y mozo de reparto entre otros muchos. El último trabajo desarrollado fue de aparcacoches en un restaurante de gran prestigio cerca del puerto de Valencia. Como siempre, no tuvo suerte en este sitio y debido a su carácter agresivo, y su falta de veracidad en la mayoría de sus conversaciones con la gente de su entorno fue despedido cuando apenas había cumplido un mes de contrato.
                Andrés era un cliente habitual de la Oficina de Empleo,  al haber sido despedido en tantas ocasiones.
                Una tarde mientras paseaba por el puerto y angustiado por la falta de dinero, ya que apenas le quedaban unos pocos euros en el bolsillo, decidió buscar trabajo en algún barco o en el mismo puerto. Estuvo en contacto con patrones de pesqueros,  estibadores de carga, oficiales de los distintos departamentos que encontraba, bares de la zona, etc. Todo ello sin éxito.
                Sentado encima de un fardo al lado del muelle, su ánimo se encontraba bajo mínimos, cuando casualmente a su lado vio una pequeña mochila, un poco escondida entre los bultos. No había persona alguna alrededor, por lo que no puedo evitar tomarla para escudriñar en su interior. La sorpresa fue enorme cuando encontró un traje completo de marinero, casualmente de su talla. Pensó que la providencia le había sonreído en este caso.
                Por su cabeza pasaron velozmente un sinfín de ideas, y sin pensarlo dos veces, se puso en acción.
                Vestido con dicho traje y habiendo metido su ropa anterior en la misma mochila, se encaminó mezclándose con otros marineros, al embarque en un buque de Balearia anclado en el muelle y que partiría hacia las islas en apenas una hora.
                Rápidamente al entrar en el mismo, buscó un mamparo donde esconderse hasta que zarparan, con la idea de mezclarse entre el pasaje o entre la tripulación una vez se encontraran en alta mar.
                Su suerte no iba a variar en ese momento, y antes de zarpar, fue descubierto y llevado a presencia del segundo oficial.  Por mas que imploró que necesitaba un empleo, que no disponía de dinero y que estaba desesperado, fue desembarcado, no sin antes y por pura compasión, el oficial le diera diez euros para que pudiera comer ese día.
                Allí al borde del muelle, otra vez sentado en el fardo, desolado y abatido Andrés miraba al buque zarpar hacia su destino,.
                En la cubierta del mismo, entre el gentío arremolinado para ver las maniobras de desatraque y salida del puerto, un niño de siete años le decía a su madre:
                ̶̶ ¡Mira mamá!, el marinero no subió al barco.    








Ejercicio de Literautas nº 50 donde debe aparecer la frase: El marinero no subió al barco. Reto opcional: El personaje debe ser un mentiroso