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jueves, 25 de enero de 2018

En Tierra


                Andrés evitaba siempre decirles la verdad a sus padres, vivía independiente y apenas podía pagar el alquiler del piso que compartía con su amigo Roger. A sus treinta años de edad, todavía no había logrado un empleo que le durara más de tres meses. Cuando sus padres le preguntaban, su respuesta mas común era que ese empleo no estaba bien remunerado y había encontrado otro mucho mejor.
                 Había trabajado como ascensorista, pinche de cocina, portero de discoteca y mozo de reparto entre otros muchos. El último trabajo desarrollado fue de aparcacoches en un restaurante de gran prestigio cerca del puerto de Valencia. Como siempre, no tuvo suerte en este sitio y debido a su carácter agresivo, y su falta de veracidad en la mayoría de sus conversaciones con la gente de su entorno fue despedido cuando apenas había cumplido un mes de contrato.
                Andrés era un cliente habitual de la Oficina de Empleo,  al haber sido despedido en tantas ocasiones.
                Una tarde mientras paseaba por el puerto y angustiado por la falta de dinero, ya que apenas le quedaban unos pocos euros en el bolsillo, decidió buscar trabajo en algún barco o en el mismo puerto. Estuvo en contacto con patrones de pesqueros,  estibadores de carga, oficiales de los distintos departamentos que encontraba, bares de la zona, etc. Todo ello sin éxito.
                Sentado encima de un fardo al lado del muelle, su ánimo se encontraba bajo mínimos, cuando casualmente a su lado vio una pequeña mochila, un poco escondida entre los bultos. No había persona alguna alrededor, por lo que no puedo evitar tomarla para escudriñar en su interior. La sorpresa fue enorme cuando encontró un traje completo de marinero, casualmente de su talla. Pensó que la providencia le había sonreído en este caso.
                Por su cabeza pasaron velozmente un sinfín de ideas, y sin pensarlo dos veces, se puso en acción.
                Vestido con dicho traje y habiendo metido su ropa anterior en la misma mochila, se encaminó mezclándose con otros marineros, al embarque en un buque de Balearia anclado en el muelle y que partiría hacia las islas en apenas una hora.
                Rápidamente al entrar en el mismo, buscó un mamparo donde esconderse hasta que zarparan, con la idea de mezclarse entre el pasaje o entre la tripulación una vez se encontraran en alta mar.
                Su suerte no iba a variar en ese momento, y antes de zarpar, fue descubierto y llevado a presencia del segundo oficial.  Por mas que imploró que necesitaba un empleo, que no disponía de dinero y que estaba desesperado, fue desembarcado, no sin antes y por pura compasión, el oficial le diera diez euros para que pudiera comer ese día.
                Allí al borde del muelle, otra vez sentado en el fardo, desolado y abatido Andrés miraba al buque zarpar hacia su destino,.
                En la cubierta del mismo, entre el gentío arremolinado para ver las maniobras de desatraque y salida del puerto, un niño de siete años le decía a su madre:
                ̶̶ ¡Mira mamá!, el marinero no subió al barco.    








Ejercicio de Literautas nº 50 donde debe aparecer la frase: El marinero no subió al barco. Reto opcional: El personaje debe ser un mentiroso


                

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